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Poema para la colonia

De: Víctor Balcells Matas

No seremos aquellos que se quejan
por el olor del mercado, de noche,
mientras nos damos besitos.

Nuestra colonia es barata,
Si se termina compraremos más.

Pero llegará un día,
un despertar
en el que estaremos desprotegidos,
cada uno sin su colonia,
y será hermoso descubrir, entonces,
que a pesar de todo
nos queríamos
porque oliamos igual.

Poema para Marzo

De: Luis Llorente Benito

Esperarte en largas avenidas de marzo
como un ojo oscuro en los fríos muros del silencio.
La soledad de estar entre el pan y la noche.
Ayer,
mientras estabas conmigo sonriendo,
y mañana no es mañana
en la piel de tus muslos blancos y tus mordiscos
donde me llevas lejos,
por casi el mar te encuentro,
a casi la voz de la luna cristalina. Y la lluvia.
Has estado recordando
el alfabeto de un mundo
sin saberlo,
y quién tiene después
a pesar de todo
miedo. Esta lengua
no taladra las paredes de tu casa,
pero escribe el tacto de una luz en la ventana,
el poema
que nunca conocemos previamente.
Y es mi cuerpo y el instante abandonado
gris como tus párpados azules:
las alas del insomnio en otro insomnio.
Yo te miro
y quiero ver más allá de tus ojos
el perfume letal de la noche
empezando transparente, empezando
en estos dedos húmedos
y preguntando al sol de los relojes.
La noche es esta partida de ajedrez
donde celebro el vértigo y tus espejos me miran tímidamente.

Escribir se hace extraño ahora:
todavía no te tengo sin tu cuerpo.

Poema para la mujer barbuda

De: Luis Forero

No se ofenda
pero cada vez que la beso
me acuerdo de mi abuelo.

Poema para el amor

De: Pav Love

(Love changes everything)

Dime amor y no digas otra cosa;
cumple con la palabra aunque no puedas
saber qué significa, si es un ruido
que procede de algún tipo de golpe
o un estallido (dime sólo amor
aunque ignores si es cierto lo que cuentan
sobre determinados marineros
que aseguran haber visto a la Muerte
nadando en brazos de la propia Venus).
No me preguntes, ciertas cosas sólo
se entienden si jamás las interrogas.
Y si quieres hacerme una pregunta
pregúntame el por qué de tantos siglos
chillándonos amor, amor, amor…
Retozando sin brazos y sin piernas,
sin que nadie nos oiga y siempre así:
amor, amor, amor; con más adeptos
que cualquier religión, más criminales
que todas las prisiones; la gran casa
de incontables excusas; latifundio
que cultiva sus propios jornaleros.
Un engaño doméstico; una mera
convención hipocrática; una forma
de atenuar el mono. Eso es amor.
Así que dime amor y yo lo haré
también, para que entiendas lo que digo.