Poema para el amor

De: Pav Love

(Love changes everything)

Dime amor y no digas otra cosa;
cumple con la palabra aunque no puedas
saber qué significa, si es un ruido
que procede de algún tipo de golpe
o un estallido (dime sólo amor
aunque ignores si es cierto lo que cuentan
sobre determinados marineros
que aseguran haber visto a la Muerte
nadando en brazos de la propia Venus).
No me preguntes, ciertas cosas sólo
se entienden si jamás las interrogas.
Y si quieres hacerme una pregunta
pregúntame el por qué de tantos siglos
chillándonos amor, amor, amor…
Retozando sin brazos y sin piernas,
sin que nadie nos oiga y siempre así:
amor, amor, amor; con más adeptos
que cualquier religión, más criminales
que todas las prisiones; la gran casa
de incontables excusas; latifundio
que cultiva sus propios jornaleros.
Un engaño doméstico; una mera
convención hipocrática; una forma
de atenuar el mono. Eso es amor.
Así que dime amor y yo lo haré
también, para que entiendas lo que digo.




Poema para un volver

De: Luis Miguel Dos Santos

Si cayera de nuevo si una voz
vacía
la noche me dijera que sus ojos manchados
con sus ojos de nieve
sus navajas
por la calle me persigue un rostro
miro las fotografías y quiero ver el sol
alguna vez intento
correr
así me seguirás
si no importa el camino
la soledad
la herencia
y será maravilloso volver a ver el mundo
ese beso ancestral mordiéndonos la oreja
explicándonos
luego
cómo desear
mentir
o respirar tan solo.

Poema para la persona que acabas de conocer



He pensado mucho en ti.
Pero todavía desconozco si seremos
amigos o cromo y romanza.
Si lograré
estar más cerca de tu belleza
que de la mía.

Poema para el frío y el llanto

De: Gema Pérez Ladera



El tigre siberiano es uno de los pocos 
que se adaptan a la falta del gas ruso.
(La frontera dentro de las manos de una 
madre que arroja a su hijo desde el balcón). 
La nieve lo espera.
En Gaza se cumplen más de 2 semanas
de la ofensiva israelí. Quién dice que no
puedan ser las noticias un poema.

Poema para un inmigrante

De: David Vegue

Los egipcios encontraron el alma
en el corazón.
Siglos después
los científicos encontraron el alma
en el cerebro.

No hay duda. Estamos
ante un claro ejemplo de animal migratorio.